Nos hemos referido a los elementos básicos de la gestión del tiempo. Lo único que queda por mencionar es la perseverancia. Tal vez la mayor frustración con la que se enfrente como ejecutivo sea aceptar el hecho de que, en algunas situaciones, su tiempo será controlado por personas y circunstancias ante las que se siente inerme.
Lo mismo puede sucederle en casa; asegúrese, pues, de que su programa no sea tan rígido que usted resulte inaccesible a su familia y a sus amistades. No disfrutará de una vida personal satisfactoria si, por ejemplo, sus hijos y su cónyuge sólo logran verlo en raras ocasiones, porque se halla constantemente retenido en reuniones u otras actividades. No podrá intimar con otras personas, serles de mucha ayuda o esperar que ellos se le acerquen si sólo consiguen hablar con usted tras obtener una cita.
Una manera de evitar este problema consiste en programar un «tiempo para estar juntos». Esto no es tan trivial ni tan difícil como suena, y puede ser efectivo. La «hora» de la cena, por ejemplo, es un momento ideal para que cada uno hable de lo que interesa a todos. Después de la cena, cabe reservar una media hora para cualquiera que desee hablar con usted en privado.
La administración del tiempo no debe segregarlo del resto de la humanidad sino, por el contrario, ayudarle a lograr sus objetivos, permitiéndole relacionarse con otras personas en el momento y el lugar que a usted le parezcan satisfactorios.
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